martes, 5 de enero de 2010

Igual Increible


 El genio camina de nuevo




En la Universidad de California han desarrollado un robot con la cara del físico Albert Einstein que ha aprendido a sonreír y a realizar otros gestos faciales de forma “autodidacta”.



En concreto la cabeza del robot tiene 30 “músculos”, algo menos que el rostro del ser humano, cada uno de los cuales se mueve con un pequeño motor independiente. La “piel” está hecha de un polímero elástico llamado Frubber, desarrollado por la empresa Hanson Robotics, que le aporta grandes dosis de realismo. Para “enseñarle” a Einstein-robot a expresar emociones con la cara, los investigadores, liderados por Javier Movellan, le colocaron un espejo delante con el fin de que analizase sus propias expresiones. Esto proporcionaba a la máquina los datos necesarios para “aprender” la relación entre los gestos y los movimientos de sus motores. Una vez establecidas estas relaciones, el robot consiguió desarrollar nuevos gestos para los que no había sido programado originalmente.



Los investigadores comparan su método con el balbuceo que precede en los niños al aprendizaje del habla. Balbuceamos para, a través de esos “juegos de garganta”, obtener información de cuáles son las consecuencias de nuestros movimientos en el mundo físico externo, por ejemplo los sonidos que emitimos. En el caso del robot, éste “balbucea expresiones hasta entender la cinemática de su propio rostro”, explicó Mavellan durante la presentación de su trabajo en la 2009 IEEE 8TH (INTERNATIONAL CONFERENCE ON DEVELOPMENT AND LEARNING).

Los científicos esperan que la cabeza androide de Einstein les ayude ahora a entender mejor como aprenden los niños las expresiones faciales.



lunes, 4 de enero de 2010

Futuro Sin Fronteras




Corazones de Silicio


Robots para recoger muestras en otros planetas, humanoides que te miran a los ojos y recuerdan tu rostro y tu nombre, pequeñas libélulas equipadas con cámaras y controladas por control remoto. Estas son algunas de las novedadas presentadas en las últimas jornadas en Cosmocaixa(Madrid).



Tienen el alma de silicio y un tremendo potencial para realizar tareas y comportarse como hasta hace no mucho sólo se concebía en los seres vivos. Son los robots, cada vez más sofisticados y con más capacidad de trabajo, ya sea en la Tierra o en otros lejanos planetas.

Una jornada, celebrada ayer en Cosmocaixa de Alcobendas (Madrid) ha traído a España a tres sorprendentes máquinas que rozan la inteligencia: un humanoide capaz de seguir la mirada y levantar hasta 13 kilos de peso, un robot que podría recoger muestras en Marte y traerlas congeladas hasta nuestros laboratorios terrestres, y una libélula mecánica, teledirigida, que no pesa más de tres gramos y vuela en todas las direcciones, como si fuera un insecto.

La estrella del encuentro, si duda, fue el humanoide ‘Reem’, de la empresa de los Emiratos Árabes PAL Robotics. ‘Reem’ es capaz de grabar la cara de su interlocutor y seguirle con la mirada cuando éste se mueve, puede coger un objeto (como una lata de refresco) y entregarlo a un tercero. Además, levanta objetos de hasta 14 kilos (cuando otros robots no superan los cinco), puede recordar los nombres y los rostros de quienes le son presentados, camina un kilómetro y medio a la hora y sus baterías duran hasta dos horas.

“Comenzamos a ‘Reem’ hace cinco años y su objetivo ahora es mejorar la calidad de vida de las personas liberándolas de tiempo y tareas. En el futuro, a largo plazo, podría ser como un asistente personal, aunque creo que eso llevará tiempo. De momento podemos utilizarle por partes:los brazos como manipuladores industriales, o como guía de museos si le ponemos unas ruedas”, explica Davide Faconti, director del proyecto.

Faconti explica que, con 40 motores y dos ordenadores en su interior, ‘Reem’ podria trabajar con las personas sin riesgo, debido a su fuerza en una costitución ligera. “Nos gustaría colaborar con expertos de instituciones españolas en su desarrollo”, apunta.



Y españoles son los dos jóvenes de la Universidad de Alcalá que han creado a ‘Topolino’ (la nave de la película Milagro de P. Tinto)para un concurso de robótica europeo. Se trata de una máquina capaz de recoger muestras de vida en otro planeta [lo desarrollaron pensando en Marte] y almacenarlas en un contenedor entre capas de hielo para que puedan llegar hasta la Tierra. Diego Salazar, uno de los autores, explica que el dispositivo les llevó un año de trabajo y no tienen pensado patentarlo.

La tercera máquina se asemeja mucho a una libélula de unos cinco centímetros y no pesa más de 13 gramos. Mediante un diminuto motor, ‘Delfly’, como la han bautizado sus diseñadores, es capaz de izar el vuelo moviendo sus alas y dirigirse hacia donde se le indique por control remoto. Incluso lleva incorporada una cámara para grabar por dónde se mete.

El belga Bart Bruggeman, uno de sus diseñadores, explica que se trata de la tercera version de ‘Delfly’ y que su intención es ir reduciendo aún más el tamaño y el ruido. «Creemos que tendrá un gran futuro en los juguetes, pero también para investigar el vuelo de los insectos o misiones de rescate en interiores, porque fuera no funciona», indica Bruggeman.

domingo, 3 de enero de 2010

¿Nanotecnología de más de 20000 años?







Descubren restos de posible nanotecnología prehistórica


Desde 1991, prospectores de oro, luego expediciones científicas (comisionadas por el instituto central de investigación científica de geología y de prospección de metales preciosos y no ferrosos de Moscú), descubrieron objetos, metálicos, muchos en forma de espiral, cuyo tamaño varía desde 3 centímetros para los mayores hasta ¡¡¡ 3/1000° de milímetro!!!



Millares de esos artefactos han sido encontrados en muchos emplazamientos en la parte oriental de los montes de Ural, en las orillas de varios ríos en unas capas sedimentarias datando del pleistoceno superior, en varias profundidades desde 3 hasta 12 metros.

Estos objetos han sido estudiados por la Academia de Ciencias rusa de Syktyvka, Moscú y San Petersburgo, así como por un instituto científico de Helsinki en Finlandia :
Los objetos mayores son de cobre, mientras que los pequeños son de tungsteno ( punto de fusión 3410° c. ) o de molibdeno ( punto de fusión 2650° c. )

Según el sitio y la profundidad en donde se encontraron, la antigüedad de estos objetos se estima entre ¡¡¡ 20 000 y 318 000 años !!!

El Instituto de Moscú publicó un informe pericial n° 18/485 del 29/11/96 que concluye :
” Los datos obtenidos permiten pensar en la posibilidad de una tecnología de origen extraterrestre. “


sábado, 2 de enero de 2010

Nano linternas






Nanolinternas


Un punto de luz capaz de iluminar una diminuta bacteria, sin hacerle ningún daño, y mostrarla con una nitidez asombrosa, como si un enorme foco se dirigiera hacia ella. La nanolinterna desarrollada por dos investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas de Barcelona (ICFO) ha logrado romper las leyes de la física para acercar al ojo humano aquello que, hasta ahora, era demasiado pequeño.

Se trata de un dispositivo que permite trabajar con objetos 100 veces más pequeños que los que se podían ver hasta ahora (la millonésima parte de un metro) porque concentra la luz 1.000 veces más que las técnicas actuales. Ello abre infinitas posibilidades en el campo de la biotecnología y la medicina.

Esta diminuta linterna de luz ultra concentrada se ha conseguido gracias a una microscópica antena, casi idéntica a las que hay en los tejados. La forman dos pequeñísimas barras de oro que absorben la luz de un láser y la concentran en un punto hasta que llega a ser un foco nanométrico. Su radiación es tan intensa que puede interactuar con las moléculas con una eficiencia que no tiene precedentes.

El físico francés Romani Quidant y su colega Niek van Hulst son los artífices del invento, en el que han aprovechado una propiedad física: la resonancia de plasmón, un fenómeno que se produce al tener lugar la infracción de la luz con partículas metálicas.

Quidant, que está en un congreso en Italia para presentar su trabajo, explica cómo esta técnica ha logrado evitar la Ley de la Difracción, que hasta ahora ha limitado el desarrollo de la óptica. «Esta ley indica que se puede concentrar la luz hasta un punto, pero que hay un límite en el tamaño mínimo. Nosotros hemos buscado un truco, utilizando una antena para superar ese límite que marca la Física. Se trataba de demostrar que se pueden usar nanoantenas», explica vía telefónica desde Roma.

Una de las grandes utilidades de su invento, que está camino de ser patentado, es el desarrollo de unas pinzas ópticas de gran precisión. Este tipo de pinzas utilizan concentraciones de luz para atrapar objetos, como pueden ser células o bacterias. Hasta ahora, el problema era que cuando el tamaño era demasiado pequeño no podían utilizarse y, además, causaban daños en los organismos vivos.

Sin embargo, ambos problemas se solucionan con la técnica de los investigadores del ICFO. Su nanolinterna ofrece un punto tan concentrado de luz que se pueden agarrar pelotillas de poliestireno de 200 nanometros, 10 veces más pequeñas que con las pinzas convencionales.

También han experimentado cogiendo bacterias ‘Escherichia coli’ (de la diarrea) y han comprobado que la luz no les causa daño alguno. «La célula se siente atraída por la luz del foco de láser. Ahora se pueden atrapar, observar y analizar sin afectarlas, como si fueran un paciente en una camilla, pero de 200 nanometros de tamaño», explica Quidant.

Contra el cáncer


Casi todas las aplicaciones en las que piensan los investigadores para su minilinterna tienen que ver con la biología. En estos momentos, trabajan con científicos de esta área para usarla en la diagnosis del cáncer. El objetivo es encontrar un diagnóstico más preciso que sea capaz de detectar la enfermedad en un estado muy inicial en los organismos. «Una vez atrapadas con nuestro foco, se trataría de detectar el estado de las células que están enfermas», señala Quidant. Y también podría usarse para detectar tóxicos en los alimentos.

Quidant, de 33 años, ha pasado los últimos tres en el desarrollo de este invento, que fue publicado en Nature y Physical Review Letters. Tras terminar su tesis, el joven francés aterrizó en el ICFO después de rechazar ofertas de varios países europeos. «Quería montar un proyecto competitivo y aquí lo he conseguido», asegura.

viernes, 1 de enero de 2010

Hormigas a Marte


Hormigas robóticas Van A colonizar Marte




Un proyecto europeo ha dado los primeros pasos para crear enjambres de diminutos robots autónomos preparados para comunicarse entre sí y trabajara en equipo. En el proyecto I-SWARM colaboran ingenieros y científicos de varias empresas e instituciones europeas. Según sus creadores, una de las finalidades de estos robots, del tamaño de una hormiga, sería levantar las primeras construcciones en Marte ante una hipotética colonización del Planeta Rojo. Otros usos serían para reparar maquinaria, eliminar polución o administrar medicamentos en nuestro cuerpo.

Los recientes descubrimientos de agua o de una composición del suelo marciano parecido al de la Tierra han estimulado las imágenes de seres humanos colonizando un día el Planeta Rojo.

Sin embargo, los ingenieros y científicos de diferentes disciplinas de un proyecto europeo están ideando pequeñas hormigas robóticas para, precisamente, habitar la superficie marciana. Se trata de una avanzadilla que podría encargarse de construir allí las primeras edificaciones para el ser humano. “Estos pequeños robots trabajarían juntos y explorarían el planeta. Sabemos que hay agua y polvo; lo suficiente para empezar a construir estructuras, como casas para científicos”, comenta Marc Szymanski, de la Universidad de Karlsruhe, en Alemania, en declaraciones a ICT. Szymanski forma parte del equipo europeo de investigadores que está desarrollando pequeños robots autónomos que pueden cooperar para realizar diferentes tareas, como hacen las termitas, las hormigas o las abejas para conseguir comida o construir sus nidos. Bajo el paraguas del proyecto I-SWARM, el equipo ha creado 100 robots a escala de un centímetro y ha hecho importantes avances para construir enjambres de robots del tamaño de una hormiga. Parte de las investigaciones se han dirigido también a crear grupos de estos diminutos robots capaces de reconfigurarse solos y ensamblarse autónomamente formando un robot más grande. Los frutos de estos trabajos tendrán su continuidad en los proyectos Symbrion y Replicator, que forman parte del Séptimo Programa Marco de la UE.



Varias aplicaciones


La exploración de otros planetas es sólo una de las muchas aplicaciones que estos dispositivos pueden llegar tener, ya que pueden ajustar sus cometidos en función, por ejemplo, de los obstáculos que vayan encontrando en su camino. “Los enjambres de robots son especialmente útiles en situaciones en las que se necesita una continuidad. Así, si un robot deja de funcionar, la misión no se pararía porque otro robot tomaría su sitio inmediatamente”, comenta Szymanski. Según sus creadores, esto no es útil sólo en el espacio o en aguas oceánicas profundas. También puede aplicarse para reparar maquinaria, limpiar polución o llevar a cabo tratamientos dentro de nuestro cuerpo. Eso sí, todavía tiene que pasar tiempo para que veamos a estos robots trabajando en condiciones reales, como la hipotética colonización de Marte. Como hacen las hormigas, que observan lo que hacen sus compañeras, siguen a una de ellas o dejan un rastro químico para transmitir cierta información a la colonia, estos robots serían capaces de comunicarse unos con otros y el resultado sería algo parecido a una percepción colectiva. Los robots usan infrarrojos para comunicarse. Así, cuando uno se encuentra un obstáculo, por ejemplo, indica a los demás que lo rodeen para poder seguir su camino.



Movimiento por vibración


Un grupo de robots que el equipo llamó Jasmine, con un tamaño un poco mayor que una moneda de dos euros, usa ruedas para moverse. Los robots más pequeños, que miden solo 3 milímetros, se mueven mediante una vibración. Éstos últimos se mueven gracias a unos diminutos paneles solares. Jasmine, por su parte, incorpora una batería “El asunto es la energía. Cuanto más complejo es lo que tienen que hacer, más energía necesitan. Un robot que necesita levantar algo usa motores que requieren mucha energía”, anota Szymanski, destacando que esta es una de las principales dificultades con las que se han encontrado. En este sentido, el proyecto ha tenido que desarrollar un algoritmo especial para controlar unos robots de este tamaño, teniendo en cuenta las limitaciones que el procesador que incorporan tiene: sólo 8 kilobytes de memoria y dos kilobytes de memoria RAM, un millón de veces menos que un PC convencional. Las pruebas hechas hasta el momento han demostrado que los robots son capaces de interactuar, aunque por el momento los socios del proyecto no han conseguido producirlos en masa. En cualquier caso, Szymanski confía conseguir este objetivo pronto, ya que construir robots tan pequeños es casi como fabricar chips de ordenador. Su producción en masa aseguraría que su fabricación es relativamente barata y, entonces, se podrían empezar a preocupar por mandarlos a Marte.