sábado, 16 de octubre de 2010

Blob Motility, el fascinante líquido programable

Las metaball son entes matemáticos bien conocidas entre quienes diseñan algoritmos para gráficos por computadora. Vieron la luz por vez primera en un ordenador a principios de los años 80 bajo el mando de Jim Blinn, científico de la NASA y un gran pionero en el área. Pueden llegar a ser cautivadores por la apariencia orgánica que les otorga el movimiento —seguramente las has encontrado en algún protector de pantalla.
Ahora bien, lo que arriba ves es Blob Motility, que quizá se trate de la primera metaball del mundo real. Mejor aún, todos y cada uno de sus movimientos son programables. Físicamente es un líquido diseñado expresamente para comportarse así, uno que está compuesto de un fluido magnético llamado pBlob. El japonés Akira Wakita es el principal responsable.
Wakita lidera un proyecto que llama Metamorphic Architecture, guiado por esta visión:
[…] generar un mundo completamente nuevo en que los productos reaccionan ágilmente a los cambios ambientales. Los productos crean el cosmos a través del movimientos, y viven una relación simbiótica con los seres humanos.
Recordemos que el metamorfismo es la “transformación natural ocurrida en un mineral o en una roca después de su consolidación primitiva.” Aplicado a la arquitectura implica la creación de un mundo físico adaptable, vamos: evolutivo.

Los creadores de Blob Motility se valen de estímulos magnéticos para cambiar su forma, generado por un hardware especializado. Según se muestra en el vídeo, así son capaces de unir, dividir, trasladar y deformarle. ¿Existen aplicaciones? Ellos proponen que las hay para el diseño de objetos, el arte y el entretenimiento.
Podría decirse que Blob Motility pertenece a una clase de fluidos llamados “inteligentes” o magneto-reológicos. Y aquí vale otro recordatorio: la reología estudia “los principios físicos que regulan el movimiento de los fluidos.”
Personalmente encuentro fascinante que un líquido sea controlado a través de la programación. Así las posibilidades de creación son infinitas. Sus movimientos pueden controlarse a distancia (¿telequinesis?) e incluso calendarizarse. Claro que la realización de tareas más complejas estará en función de la riqueza expresiva del lenguaje de programación utilizado para tal efecto —o de la paciencia del programador de los magnetos—. Estoy seguro que Blob Motility augura una era de materiales inteligentes, a la vez que adaptados para ser más cercanos al ser humano.



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